Vamos a estar a tu lado, Señor Jesús, recordando algunos momentos de aquella pasión, que sufriste por nosotros.
Tú nos habías dicho que: Si alguno quiere venir detrás de mí, que tome su cruz cada día y me siga. Queremos ser tus discípulos y estar contigo, recordando lo mucho que has hecho por nosotros. Ayúdanos a imitar tus gestos y recordar tus palabras.
Así, podremos amarte más a ti y a nuestros hermanos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
“La mayor prueba de la fiabilidad del amor de Cristo se encuentra en su muerte por [la humanidad entera]. Si dar la vida por los amigos es la demostración más grande de amor (cf. Juan 15,13), Jesús ha ofrecido la suya por todos, también por los que eran sus enemigos, para transformar los corazones” (Lumen Fidei, Carta Encíclica del Papa Francisco, 16).